Como la mayoría de ríos en Colombia, este, el Cauca, también nace para recorrer la muerte en todas sus formas. Desde la que le provee el hombre talando los bosques que lo protegen y ensuciándolo con cuánta porquería es capaz, hasta la muerte de los hombres que terminan en sus aguas, que también son un cementerio. Así ha sido desde el principio de los tiempos y así es todavía hoy.
Yendo en contra de la corriente y recorriéndolo desde que deja el departamento del Valle, en dirección a sus orígenes, o partiendo de lo que se supone son todos los muelles donde se le estanca la muerte, en dirección a donde comienza la vida, tal vez sea posible evitar las repeticiones en su historia. Pero con la sequía que también le cae desde hace meses y las predicciones de este fenómeno de El Niño, los únicos cambios que aparecen en el camino es que, acaso, ahora todo es peor.
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